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jueves, 3 de mayo de 2007

Recordatorio de la Santa Cruz

Mi colega la Chiva me acaba de felicitar hace unos minutos por ser ya 3 de Mayo, Día de la Santa Cruz.
Gracias Chiva por el recordatorio y la reflexión que hallé en tu fotolog:
3 de Mayo : El Día del Albañil y del Arquitecto, Ing. Civil...

El Día de la Santa Cruz es una fiesta popular mexicana que se celebra cada 3 de mayo. Ese día todos los trabajadores de la construcción se unen por igual en esta tradición, desde el “chalan” hasta el arquitecto, ingeniero y patrones de la obra -quienes en su mayoría son los que ese día corren con el gasto del festejo-

Este es el único dia entre semana que los albañiles festejan y descansan ahi en plena obra, en donde trabajan de sol a sol.

Algunas celebraciones son sencillas con taquitos y otras hasta carne asada les llevan los patrones. AHH!! pero eso si.... unas cheves bien heladas no pueden faltar...muchas veces las carretillas comunmente usadas para acarrear el cemento, se ocupan ese día con bastante hielo y cervezas pa la raza...

El motivo principal de esta celebración no es solamente el reunirse para convivir y disfrutar de la traga y la beberecua, sino el darle gracias a Dios por el trabajo, porque con este humilde -más no menos honorable- trabajo ellos pueden llevar el sustento a sus hogares y procurar la manutención de sus familias

La Santa Cruz la hacen ellos mismos con pedazos de cimbra y de madera de la misma obra y se pone en lo mas alto de la construcción, a veces asi sencilla y otras hasta adornada con flores y papelitos de colores.

Sin duda -y fuera de todo contexto religioso- el Día del Albañil ofrece una gran oportunidad para reconocer la gran y ardua labor de los trabajadores de la construcción, quienes con sus manos y su esfuerzo construyen hogares, edificios, centros comerciales, etc. etc. que hacen que este país crezca dia con dia.
¡Felicidades!
*

lunes, 6 de noviembre de 2006

Nueva semana, otra vez en la Atenas...

Oh sí, el pasado jueves volví a casa con ansias del perfume de los cempoalxóchis y los tamales que hace mi mamá. Estuve tentada a quedarme en el DF al reven del jueves en el Centro Cultural España pero la nostalgia me ganó.

Día de muertos... día de recordar... día familiar.

Llegué a la Atenas el jueves por la noche; los tamales bue-ní-si-mos y aun alcancé a levantar la ofrenda y comerme unos panecitos con chocolate.

Además. este mismo wknd. la Flor Esteparia y Linko se dieron un rol por mi bella ciudad y pasaron por mi casa, donde ella descubrió mi guitarra y mi libro de partituras del Wish. Quince minutos después ejecutábamos alegremente Friday I'm In Love (aunque era sábado); luego con una segunda guitarra continuamos con M, y seguimos con otras antes de que Linko, que es alérgico a los gatos nos suplicara que ya nos fuéramos a chupar porque estaba a punto de morir con los pelitos de mi Cooper. Confieso que aun seguimos jugando con las guitarras un buen rato antes de que el pobre hombre nos apagara la luz para disuadirnos... y la volviera a prender acto seguido al constatar que, aun en la obscuridad, seguíamos tocando (jeje todo era unplugged). Ni modo, tuvimos que suspender la sesión porque el pobre estaba ya casi morado y mejor salimos bajo el chipi-chipi xalapeño a buscar unos drinks, no sin que antes Linko hubiera tenido la ocurrencia de filmarnos haciendo destrozos a las canciones y amenazara con subir los videos a YouTube.

Fue un súper buen fin de semana!

Atrás quedó el DF (nostalgia de un amor), y saludo de nuevo a mi tierra (el invierno se adivina ya).
*

lunes, 26 de junio de 2006

Tauromaquia

Entre la herencia cultural española en México figuran las corridas de toros como uno de los más decadentes espectáculos que existen aun en pleno siglo XXI.

Me dice el pepe que esos animales nacen para eso y que son mimados durante cuatro años sólo para el momento en que salen a dar la faena.

Pero yo aplaudo cada que me entero que un torero fue corneado. Al final se supone que el hombre se mete al ruedo para probar su superioridad frente al instinto animal (la necesidad de probar algo así, sólo evidencia que hay motivos para que esté en duda) y lo cierto es que yo agradezco que de vez en cuando algún fatigado animal consiga con una cornada probar que la pendejez humana permea esa llamada "fiesta" que a tantos gusta.

No creo que ningún animal -y me refiero al toro- merezca morir de esa manera.

Necesitamos ser compasivos. Aprender a compartir los sentimientos (la pasión, el dolor) de otro ser es algo que nos hace humanos.

No es la muerte en sí. Es la manera en que se da esa muerte. ¿Por qué ceder ante la crueldad?

A veces en torno a una actividad aborrecible hay muchos elementos atractivos que ensalzan otras virtudes o elementos deseables. Baste observar a las tabacaleras: el mundo marlboro de varoniles vaqueros y toda la parafernalia de los veloces autos de fórmula uno (bellas modelos incluidas) son claros ejemplos. Y en todas esas actividades, el dinero es el motor, of course!

Las corridas de toros no serían un mal espectáculo si las últimas horas de esa vida -que a algunos se les antoja privilegiada y llena de mimos- el toro no las tuviera que vivir hacinado, hambriento, asustado, acosado, dolorido, fatigado, sediento, y con todos sus sentidos y sistemas llevados al límite en un intento desesperado por escapar a una muerte que él no sabe que es segura.

No hay dignidad en la forma en que un toro de lidia es sacrificado. Y no veo por qué la inútil desesperación de un animal habría de ser un espectáculo agradable. Esa desesperación se traduce para mí en desesperanza... y no hay nada más triste y vacío que eso.

Al final, después de ser torturado y acosado, el toro tan admirado -esa magnífica bestia- se derrumba cuando el estoque destruye la poderosa maquinaria que le da vida, atravesando los pulmones que inevitablemente se llenan de sangre... el toro espléndido, con su lomo cubierto de una capa de sangre reluciente, cae de rodillas, y sus ojos se nublan en medio del terror que debe producirle el sabor de la sangre derramándose sobre su lengua.

Y alrededor, la multitud le aplaude exhilarante... al torero. Mientras tanto, el toro caído sobre la arena se ahoga en su propia sangre.

¿Dónde está el glamour? ¿Dónde está la gloria de realizar un trabajo útil? ¿Dónde está el alma que nos hace humanos?
*

jueves, 5 de febrero de 2004

Visita al cementerio

A mamá le gusta visitar a los muertos y llevar flores al lugar donde yacen los restos de sus cuerpos.

Cada visita al cementerio es una invocación a la nostalgia y a la melancolía.

Cuando yo esté muerta -¡cuando sea una muerta!- no quiero venir a un lugar así. No importa que esté lleno de flores coloridas, pues todas ellas están muriendo. Muriendo. Como todos nosotros.

Los cementerios son mundos apartados de nuestros mundos reales... son los bastiones del olvido.

Sería trágico que algo de mi esencia realmente quedara encadenado en la muerte al sitio donde yace mi cuerpo corrompiéndose. Quiero creer que no es así, en cuyo caso poco importa si recibo o no la visita de los vivos.

Flores o no, los cementerios son tristes.

Quiero creer que nuestros muertos viven siempre en nuestros corazones y que, mientras los recordemos, no morirán realmente.

Flores o no.
*