martes, 31 de enero de 2006

Un mes

A este año ya se le gastó un mes.

Un mes.

Conforme me hago vieja, el tiempo se acelera y con tristeza constato lo que decían los adultos cuando era niña...

Entre reflexiones y evasiones, estuve recordando aquel brindis de la víspera del año 2000. Ha pasado un lustro, así que lo he buscado en mi archivo y aquí está:

Brindis por un nuevo milenio

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite el mensaje a otro día y la noche a la noche declara sabiduría. No hay lenguaje, no hay palabras, ni resuena su voz, más en toda la tierra se escucha la noticia y hasta el confín del mundo alcanza su pregón.” (Salmo 19, 1-4)

Amada familia y amigos:
Estamos destinados a ver tan sólo un número finito de días y noches. El tiempo no se detiene, pero en un instante y en un espacio estamos nosotros. Vivos.
Gracias a Dios estamos juntos hoy, aquí, en este momento, ante esta mesa, esta maravillosa familia y sus amigos queridos.
2000 es el año de nuestros sueños, el número mágico para quienes vivimos en el siglo XX; y hoy estamos por presenciar un acontecimiento simbólico, donde el milagro no es que suceda, sino que lo vivamos y lo aceptemos, ya que el sol recorrió su camino por última vez en este milenio y esta noche morirá para ceder paso a una nueva era. Nuestra era.
Pues la humanidad aprendió a medir el tiempo intocable, y un milenio son muchas generaciones; nuestro momento de vida acaeció en un parteaguas, y a partir de ahora todo lo vamos a fechar con un número redondito, con tres ceros, muy diferente del mil novecientos ¿cincuenta? ¿sesenta? ¿setenta? ¿ochenta? ¡noventa!
Un parteaguas nos invita a reflexionar, a mirar dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Lo que hallemos será algo personal, pero si escuchamos, si observamos, si sentimos el tiempo moverse, sabremos cuán preciado se puede volver un instante.
Nuestra vida es una sucesión de instantes. La felicidad no es en sí una meta en la vida, sino la recolección misma de instantes en que nos sentimos felices. Éste es uno de ellos.
Quiero que brindemos por este instante y, como deseo de año nuevo, tan sólo quiero citar un versículo del cuarto capítulo del libro de los Proverbios:

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”

Amor y Salud.
(31 de Diciembre de 1999)


Un mes.

Un año.

Un lustro.

Este diciembre pensaba en que había pasado un lustro en un parpadeo. Nostalgia. Recordaba aquel brindis durante las fiestas de fin de año, inmersa en la dulce repetición del rito familiar que celebra al amor y al gozo de la presencia. Pero suspiré... y enero empezó a morir.
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